Flores
“y desde entonces no parece haber eco”
Sonidos de pequeñas piedras chocando contra rocas lo despertaron, tomó su recién adquirido abrigo de piel y se lo echó encima cubriéndose la espalda -el timbre de su teléfono no cesaba de sonar-. El frío y el ruido de las piedras, que provenían del nivel inferior, de una vivienda hecha de pieles y ramas, lo hicieron animarse por completo, observó hacia su exterior, aún no había aparecido plenamente el primer haz de luz, sin embargo se notaban ya dinámicos movimientos en las otras cavernas, aún había humo de agotados fuegos crepitantes, era la resaca de la época glacial. Con una mirada de intriga y un ademán torpe tuvo la intención de despertar a su compañera -con la que tantas noches había soñado- quien se cubría con su viejo abrigo de algodón sobre las sábanas color verde y café, imitadoras de la naturaleza; ella abrió bruscamente sus ojos y lo vio, le sonrió protuberante y gentilmente, acompañado de un saludo gutural.
La llamada provenía del campamento, era un aviso de carácter urgente y de suma importancia, acudió al lugar inmediatamente, lo conocía muy bien, además era un agradable lugar, una bella y fresca planicie en el valle desértico. Hacía tres meses y tres días que el desarrollo de la exploración había iniciado, al momento de llegar al lugar todos sus colegas paleontólogos y arqueólogos parecían estar muy emocionados esta vez, sus miradas reflejaban un tono victorioso, una complicidad de gloria, un fósil femenino había sido encontrado.
Neanderto fue contagiado de esa gloria, tomó su herramienta, y con leves, pero constantes y fuertes, cabeceos dirigía a su grupo, todos tenían claro que hacer, se pusieron de acuerdo para concretar la faena. Escondidos tras unas rocas, unos minutos después de iniciada la rija el enorme animal caía muerto, y todos como aves de rapiña se lanzaban tras la mejor parte. Su mayor deseo era descartar lo antes posible, que no pertenecía a cualquiera de los especimenes de género homínido ya conocidos, pensaba –espero que no sea un Ardipithecus, o un Australopithecus, o un Paranthropus, o un Homo habilis, o un Homo erectus, o un Homo sapiens sapiens-. Uno intervino directamente el cráneo y la mandíbula, determinó casi inmediatamente la capacidad craneal de 1,400 cc., otro paleontólogo acudió a la parte superior y otros a la inferior del esqueleto semicompleto, el experto en carbono opinaba “se aprecia una semejanza con los encontrados en el Sur de Africa, su estatura corresponde a unos 163 centímetros”. Estaban seguros de encontrar aún más evidencias, así que durante todo el día continuaron con la exhaustiva investigación, las excavaciones y los análisis respectivos del suelo, las coordenadas, el mapa, las fotografías en alta resolución, la comparación científica, el lenguaje llevado a sus últimas consecuencias, las conjeturas, las opiniones, las bromas y los desencantos.
Anticipada por el ocaso la noche pronunciaba su oscuridad, entonces el grupo se dipsersó y Neanderto se dirigió a su cueva, allí lo esperaba su compañera, como siempre. Neanderto entró sonriendo, llevaba una gratificante ración para dos días, aunque sabía que probablemente no se conservaría tanto tiempo, pero en realidad eso no era lo que más importaba, él y su compañera celebraron, incluso también había material para elaborar más herramientas y otros objetos ornamentales en un futuro. La noche cayó completamente, y tan iluminada por la brillante luz de la vieja luna.
Dentro del campamento de expedición los días transcurrían con muchos movimientos y una elevada emoción, por su parte Lucy se sentía cómoda, no extrañaba en lo absoluto la ciudad y sus cosas, siempre pensó que la ciudad era el germen de la desdicha, ya que trocaba la inocencia en individualismo. Una noche el paleontólogo le dijo a Lucy, “...la historia continúa hablando por sí misma, plasmada en la naturaleza con tantos recónditos secretos, algún día sabremos lo que tenemos entre nuestras manos, lo que hemos tenido desde hace ya más de 40,000 años”, quedó como absorto y después de un breve silencio profirió “¡No tenemos acceso!”, Lucy asintió resignada. Continuó el paleontólogo “Sabes que hoy fue un buen día, el tiempo nos trajo nuevos descubrimientos, encontramos junto al fósil femenino, que por cierto es una homo neandertalensis, grandes cantidades de granos de polen, de diferentes especies”. Lucy contestó apresuradamente, “...eso significa que esta mujer tuvo un ritual mortuorio”, quedó pensativa con una expresión de intriga, pero continuó “cuando comprendimos el significado de la muerte, entonces fue la eclosión de la conciencia acerca de ésta y por tanto, de la vida, desde entonces siempre buscaremos la continuidad”, y el Paleontólogo declaró “estoy tratando de imaginar como habría sido ese preciso instante”. Lucy dijo “es muy probable que no haya sido de un instante, sino de muchos instantes”, después de una pausa Lucy continuó “Bien, por otra parte a nuestra expedición no le ha ido con tanta suerte, no hemos encontrado más que utensilios y armas, huesos dispersos de muchas épocas y muchas piedras” El paleontólogo la interrumpió y musitó con voz pálida “pero mañana se unirán los grupos, ¿no?. “Así es” respondió Lucy dirigiéndose al rimero de libros, dispuesta a estudiar.
Unos días después Lucy desmayó debido a fuerte dolor en la sien, fue víctima de una terrible enfermedad, fueron varias noches de alta fiebre y dolorosos malestares, la enfermedad era muy extraña, los síntomas no conducían a ninguna conclusión médica. A pesar de los esfuerzos del médico, inevitablemente Lucy murió, el paleontólogo empezó todas las gestiones para el traslado del cuerpo, sin embargo –obligatoriamente- Lucy fue sepultada en aquella vasta tierra, buscaron un lugar lejano ya que de otra manera interferiría con la investigación.
Después de cavar por algunas horas y colocar suavemente el cuerpo, Neanderto se reincorporó y lanzó unas flores con un sentimiento terriblemente extraño, ella estaba en ese agujero, inerte y fría como una hacha de hueso. Desconcertado completamente reconocía que su compañera ya no le sonreía, ya no le miraba fijamente, ya no le comprendía, sin embargo él insistía neciamente en despertarle, hacía grandes esfuerzos inexplicables, entre grandes y desesperados saltos se balanceaba rápidamente gritando, aún así no parecía haber eco, hubiera deseado que todo resultara tal y como lo hacía cada mañana, pero ella ya no lo miraba. Una lágrima cayó en la tierra, presentía por primera vez que algo aterrador había ocurrido, casi consciente de sus implicaciones, era algo que no podía comprender con claridad parecía ser un sueño, algo inexplicable hasta ese momento, pero en el fondo de su ser algo le insinuaba que volvería a verla nuevamente. Cada noche regresaba a la tumba, esperaba que su compañera saliera de un momento a otro, de ese oscuro e inmóvil lugar.
Giró su rostro al escuchar el sonido de pequeñas piedras chocando contra el suelo, el viento mecía su melena; fuertes cabeceos, grandes saltos, extraños ruidos y manos agitándose lo invitaban a la rutinaria faena, Neanderto respondió ¡uhh!.
Humberto Chacón
Mayo 2006
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