KAIBIL DE OTTO-RAÚL GONZÁLEZ, UNA NOVELA HECHA
DE PAPEL HISTÓRICO Y DE LETRAS REINVIDICADORAS EN LA SOCIEDAD GUATEMALTECA
La experiencia bélica revolucionaria acontecida
en Guatemala durante la segunda mitad del siglo XX ha dado paso a la producción
de textos literarios con carácter testimonial, re-construyendo parte de la
historia de este conflicto. Principalmente después de la firma de la Paz, en
plena antesala al siglo XXI, se abren las puertas a un salón de museo aún en
crepitación, con otras salas aún por revelarse y otras que nunca se accederán,
en donde se manifiestan denuncias públicas de los sucesos de violencia que
tejen la historia moderna de la sociedad Guatemalteca. La importancia del
estudio de estos textos literarios en el género de novela-testimonial, o si se
prefiere en un sentido más amplio, estas prácticas discursivas en la dirección
Foucaultniana, radica en la posibilidad de extraer e interpretar sucesos
históricos para luego re-armar la historia descriptiva de la realidad, pero una
historia vista desde la periferia, desde la voz enmudecida y los gritos
silenciados, en contraposición a la historia dominante que produjo el sector
dominante, el gobierno y su poder militar. Arturo Arias afirma que “los textos
narrativos son sistemas de representaciones simbólicas que generan “efectos de
verdad” a través de sus prácticas discursivas, es evidente que registran estos
cambios subjetivos en la percepción del ser, y su estudio debe posibilitarnos
la explicación de las transiciones tanto en la identidad como en la ideología”
(7)
Kaibil de Otto Raúl González (1998) es un ejemplo de
la narrativa denominada de posguerra. Esta novela presenta, a través de una
historia bifurcada y entretejida por circunstancias atípicas y caprichosas, en
los polos de la sociedad, a la familia guatemalteca campesina y la burguesa. En
suma, el testimonio de acontecimientos de la lucha por el poder político y
económico. Esta novela entonces, además de pertenecer a la denominada
literatura formal, presenta otro valor, el de la literatura testimonial,
entonces se plasma una hibridez que en la concepción de Arturo Arias, a
principios del siglo XXI, se le podría llamar un texto-puente, así “La
textualidad testimonial constituye otro tipo de verdad, un sistema diferente de
conocimiento, del constituido por la literatura formal. Como resultado, la
emergencia de la narrativa testimonial marca la llegada de una nueva época en
la cual centroamericanos marginilizados se reposicionan de la conciencia de sus
traumas pasados con el afán de abrirse camino con una nueva dinámica y nuevas
estrategias de acción. Dicha situación se encuentra, en este momento
particular, más alejada de las orientaciones lingüístico-carnavalescas en las
cuales se encuentra ubicada la “literatura formal” a pesar de existir a su vez
textos-puente que buscan acerca ambas tendencias.”(21)
En este mismo sentido, Kaibil representa
un texto histórico, y su importancia puede alcanzar niveles muy representativos
dependiendo del enfoque del estudio que se pretenda, como señala Hayden White: “Las
historias, entonces, no versan sólo sobre acontecimientos, sino también sobre
los posibles conjuntos de relaciones que puede demostrase que esos
acontecimientos representan” (130). Sin embargo, si el enfoque de estudio
que se pretende de la literatura testimonial corresponde exclusivamente a un
interés histórico, es imprescindible validar y contraponer cada hecho como
recurso de fuente histórica, con otros referentes oficiales y no oficiales,
esto con el fin de construir una historia completa, ya que como en el caso de Kaibil
también se puede encontrar la intencionalidad premeditada de crear una texto
literario en el género de la novela, White señala al respecto: “la narrativa
histórica apunta simultáneamente en dos direcciones: hacia los acontecimientos
descritos en la narrativa y hacia el tipo de relato o mitos que el historiador
ha elegido como icono de la estructura de los acontecimientos.” (120).
Dentro de las estrategias narrativas utilizadas
por Otto Raúl González, la intervención de un narrador omnisciente y
omnipresente prevalece a lo largo de la historia, éste sugiere, comenta,
rememora y revela desde su totalizador punto de vista, a la vez que se vale de
los diálogos y pensamientos de los personajes, también éstos sujetos a la
voluntad del narrador.
La historia se sitúa, de una manera cotidiana,
a inicios de los años ochenta. A través de discursos descriptivos, claros y
simples en apariencia, Kaibil muestra la relación azarosa, del personaje
Ricardo Pérez Cansino, en la frontera conflictiva-dialéctica de las posiciones
discursivas sociales de la lucha por el poder, también describe y alude
espacios y personajes reales dentro de la historia de Guatemala.
La novela se organiza en doce capítulos
enunciados con números romanos, estableciendo así una narrativa estructurada de
forma convencional, sin embargo estos capítulos no tienen nombres referentes,
excepto y sino hasta el índice, en donde cada capítulo adopta el encabezado
constituido por las primeras tres o cuatro palabras con las cuales da inicio la
narración de cada uno de ellos.
Aunque la narrativa, de acuerdo a la secuencia
de estos capítulos, no presenta el tiempo de una forma lineal, dentro de cada
uno de éstos existen tiempos paralelos y oblicuos con historias y personajes
que se entrecruzan, los sucesos van y vienen a través del tiempo presente y
pasado, aunque la historia alrededor de la cual gira la novela ocurre en un
período de tiempo relativamente corto, se afianza, amplia y justifica con esos
vaivenes que producen un relato articulado de recuerdos y datos históricos. El
espacio tiene pretensión de realismo, ya que la narrativa incluye descripciones
que producen imágenes a través de las cuales se logra situar localidades de la
ciudad de Guatemala.
El carácter de novela testimonial se evidencia
desde las primeras letras del capítulo I “El condenado está atado a un poste
frente al paredón. Los cuchillos que usará el verdugo han sido puestos en un
cesto...”(1). Denuncias impersonales como éstas serán documentadas a lo
largo de toda la novela, en este mismo capítulo es posible encontrar, desde la
voz del narrador “Más de media docena de gorilas la habían gobernado (o
desgobernado) entre golpes de Estado, algaradas y escaramuzas, pero en todo
caso siempre reprimiendo y oprimiendo al pueblo, coartando todas las libertades
y pisoteando los derechos humanos” (12), otros ejemplos “La matanza de
Panzós, en la que murieron más de un centenar de personas que reclamaban la
tenencia y la propiedad de sus tierras, bajo el yugo de las ametralladoras del
ejército regular” (13). La novela en general se basa de hechos históricos
para respaldar su carácter testimonial, la denuncia nuevamente cobra vida con
la mención de la quema de la embajada de España en 1980 (65).
En el capítulo cuatro también reinciden,
oportunamente, denuncias del modus operandi de secuestros y abusos
políticos contra la sociedad, muchas de ellas respaldadas con datos y
estadísticas, contrapuestas con los cambios sociales y culturales positivos que
inició el movimiento revolucionario del 44. También se expresa una reflexión y
crítica de la conquista española, a través de Pedro de Alvarado y Tecún Umán,
para explicar la lucha por el poder y la riqueza desatadas desde la época de la
colonia.
Las continuas referencias unívocas a
acontecimientos reales suscitados en la historia Guatemalteca, importarán en la
medida en que estos textos testimoniales reivindiquen la historia “oficial”. En
cuanto a la relación entre historia y texto literario Michael Ryan afirma “La
relación entre la literatura y la historia es una relación de circulación, de
intercambio y de negociación en vez de una relación de referencia o reflexión” (151).
En este sentido la novela Kaibil, y en general la literatura, presenta
el cuestionamiento acerca de si tiene la capacidad para influir en la
desarticulación del discurso hegemónico, eventualmente servir como papel
reflexivo e histórico. Y éste es precisamente uno de los objetivos más
distinguidos de Kaibil.
El autor también utiliza otras
estrategias narrativas, a través de las cuales deja evidencia de aspectos en
tanto culturales, sociales y folclóricos. Por ejemplo, consciente y
repetidamente menciona la canción Luna de Xelajú, también hace referencia al
Popol Vuh (23) y a Rigoberta Menchú (136). La importancia en la mención de
Rigoberta Menchú y del Popol Vuh -refiriéndose a éste último Arturo Arias
indica “El principio del Popol Vuh es también el principio de la
problemática de la identidad guatemalteca, de la continua reelaboración de su
subjetividad”(430)- radica en que la novela hace sugerencias de
investigación de documentos presentados desde la otredad, abriendo la
posibilidad de pronunciación de la voz subalterna, dirigida abiertamente al
lector, lo cual elocuentemente puede generar distintas posiciones y
percepciones ya que el lector puede encontrarse en el margen de la
marginalidad, en la marginalidad primaria, o bien incluso en el centro.
En cuanto al lenguaje, la novela deja
plasmadas expresiones cotidianas y “populares” localistas a través de los
diálogos de los personajes. El lenguaje poético dentro de la prosa “Con
mucha timidez intercambiaron los primeros besos que poco a poco se fueron
convirtiendo en las frutas más maravillosas de la tierra; barro del mismo
barro, juntos empezaron a arder, la sangre les hervía en todas las venas; era
el volcán del seco que comenzaba a hacer erupción que convertía en lava la
sangre joven que se despeñaba dentro de sus cuerpos” (31). Así también el
lenguaje se manifiesta en poemas expresos “No les saques, no le saques, ay,
Raquel, / los empaques / al tonel. / ¿Con quién te vienes, con quien te vas? /
Con aquel que me de por delante y por detrás. / ¡Ay Raquel, déjame que yo me
monte / en tus gloriosas nalgas de rinoceronte!. (115-116). También hay
continua presencia de una narrativa erótica “...los abrazos se tornaban más
ígneos y los besos de más larga duración; retiró la mano de los alzados y ya
enardecidos pechos y la llevó a las rodillas, las acarició con lentos y suaves
movimientos. Celina abrió las piernas como se abren las puertas de una
fortaleza dispuesta a rendirse. Él sentía que estaba como abrazando a las dos
sagradas columnas de un tabernáculo. Los primeros rubores se convirtieron en
suspiros y los sofocos en ayes y murmullos... Dos palomas morenas y sedientas
imploraron sus besos; las besó exhaustivamente con labios temblorosos...La
penetró lenta y trabajosamente; el himen se resistía, pero finalmente, gracias
al cielo, cedió.” (169)
Otras estrategia narrativas incluyen el viaje
en el tiempo, un espacio paralelo en donde un personaje logra acceder
directamente al suceso histórico al éste cobrar vida “Con su fecunda
imaginación, se trasladó al parque central, frente al palacio de gobierno,
aquel 15 de Septiembre de 1821, y vio a Doña Dolores Bedoya encaramada en una
tarima hablándole al pueblo de que había llegado la hora de la libertad... La
dama se bajó y encendió con una larga cerrilla los paquetes de cohetes que
había puesto sobre la tarima.”(166). También un sueño premonitorio como
isotopía“!Ay, tuve un sueño feo y tengo mucho miedo! ¿Qué soñabas pues? Que
estábamos en el cementerio enterrando a
mi hijo Pedro porque los del gobierno lo habían mandado a matar... Cálmate,
mujer, nuestro hijo Pedro es amigo del gobierno. Te digo que el gobierno acabó
con su vida por medio de una perra; vi las mordidas en su cara, en su pecho y
en su barriga.”(178)
De esta manera, en Kaibil es posible
apreciar diferentes discursos, el lenguaje se complica al adoptar diversas y
diferentes posiciones, no se caracteriza por ser un lenguaje unificado y
unitario, las diferentes formas discursivas están enfocadas según la ideología
y la posición circunstancial del personaje (desde la perspectiva del narrador
omnisciente) plasmando los discursos dominantes y los discursos dominados,
entre otros, de la época en conflicto, y es una muestra evidente que el
lenguaje manifiesta la naturaleza heteroglósica de la narrativa. En el capítulo
II aparece el pensamiento de resistencia del subalterno, dentro de la
polifonía, la del indígena “Los meros dueños de esta finca somos nosotros
los naturales; bien se ve que este costal de caca no tiene ninguna noción de la
historia” (35), al referirse al administrador de la finca, servil a la
familia burguesa.
En el capítulo siete se muestra el discurso de
poder y la lógica militar, con el cual se ideologizó y por tanto enajenó al
indígena, en este caso en particular, a través del trauma de insensibilización
sentimental al obligar a Pedro Pérez Abaj a matar con sus propias manos a su
perra, teniendo como bandera a la heroicidad y la patria. El primer contacto de
diálogo pacífico del indígena con el militar era la exposición que aquel
experimentaba con el servicio militar obligatorio en los cuarteles, en el
capítulo dos a través de la voz del indígena, se narra la percepción de éste de
esa práctica tan importante en el espacio del discurso del militar para ganar
adeptos.
Es interesante reconocer los “premios” a los
cuales accedía el pueblo indígena al pertenecer, por decirlo de alguna manera,
al polo dominante, básicamente los reconocimientos simbólicos jerárquicos de
poder. Por otra parte la psicología del “conquistado” se ve compensada mediante
métodos de defensa de justificación, una autoetnografía, y en letras de Louise
Pratt “autoetnografía se refiere a aquellos casos en lo que los sujetos
colonizados se propone representarse a sí mismos de manera que se comprometen
con los términos propios del colonizador.” (27) “...creo que la
expresión autoetnográfica es un fenómeno muy difundido en la zona de contacto y
tendrá gran importancia para develar las historias de sometimiento y
resistencia en el imperio, vistas desde el sitio donde ocurrieron”(28)
Se ha mencionado que Kaibil
presenta diferentes valores en distintos niveles, la literatura centroamericana
ha estallado produciendo discursos en casi todas direcciones, unos que quiebran
con los anteriores, otros que se mezclan para dar como resultante formas
inesperadas, y ésta es una característica regional, Antonio Cornejo Polar
refiere al respecto de la literatura andina “...como que es hechura de
desencuentros, quiebras y contradicciones, pero también de soterradas y
azarosas intercomunicaciones.... dar razón de una literatura especialmente
escurridiza por su condición multi y transcultural”(8) “...y el tema de
la desestabilizadora variedad e hibridez de la literatura latinoamericana (9).
El personaje Ricardo Pérez Cansino tiene su
primera aparición en el capítulo I, contando con 30 años, realizó estudios
periodísticos durante 10 años en Europa y regreso con la intención de hacer un
periódico imparcial con el discurso de verdad, y este personaje será la
representación del “mestizaje” en la sociedad y la “hibridación” en la cultura.
El segundo capítulo, temporalmente ubicado en
el pasado, relata la historia de Pedro Pérez Salcajá, padre de Ricardo, y su
encuentro con su futura esposa Jacinta, de donde nacerá el antihéroe Pedro
Pérez Abaj, hermano de Ricardo. Pedro Pérez Salcajá, el padre, representa al
indígena que trabaja en las haciendas de las familias burguesas.
En el tercer capítulo ya se empieza a tejer la
historia, ubicado también en el pasado, el encuentro entre Pedro Pérez Salcajá,
el indígena, y Graciela Cansino, la burguesa, que años después darán por
resultado una intimidad familiar entre indígena y ladino, pero principalmente
la disyuntiva de Ricardo, el hijo mestizo, de elegir entre los polos. Dentro de
la relación, Otto Raúl González manifiesta y pretende dejar en claro su
concepción de la moral e idiosincrasia del indígena, en donde Pedro al tener la
posibilidad de acceder a la cara del poder, a través de la burguesía, la
rechaza siguiendo sus convicciones, al negarse al matrimonio con Graciela.
Del matrimonio entre Pedro Perez Salcajá y
Jacinta, nace Pedro Pérez Abaj, quien luego de ser seducido por el poder
militar se convierte en kaibil, y de aquí se desentraña una descripción de la
psique del Kaibil, dentro del discurso de poder, verbigracia en el capítulo
cuarto inicia con “Yo soy kaibil, yo soy kaibil, yo soy kaibil...“ (53)
una especie de letanía haciendo referencia al oficio de Kaibil y del cómo el
discurso hegemónico logra su dominación ideológica al mermar por completo la
voluntad del sujeto, convirtiéndolos en máquinas para matar. En continuas
ocasiones el kaibil es metaforizado como hiena, haciendo referencia a su
calidad de salvajismo y voracidad. En el capítulo once se presenta la teoría de
la motivación y el móvil del indígena aspirante a pertenecer a las fuerzas
armadas del gobierno.
En el capítulo cinco ingresan nuevos personajes
que llegarán a ser la representación de los distintos estratos sociales y
culturales que nutrían la sociedad, todos ellos despolarizados, incluso algunos
sin opiniones al conflicto social de la guerra.
En este mismo capítulo se muestra las primeras
conversaciones que trascenderán en Ricardo, con su padre Pedro, éste es un
diálogo entre la condición indígena y la condición burguesa ajena a la
problemática social económica, y la influencia que pudo ser ejercida desde el
discurso marginal hacia el discurso indiferente de la clase social dominante.
Kaibil también elabora ampliamente la trama de la
novela, descansa por momentos a las denuncias, pero sin olvidarlas, para dar
paso al reflejo de aspectos en la vida social cotidiana a través de los personajes
de la ciudad, en el capítulo ocho presenta el aspecto de la novela romántica
con el encuentro entre Ricardo y Chita.
Durante el desenlace de la novela se aprecian
situaciones compensatorias, un anhelo de justicia divina condenando el
desencajamiento de valores sociales. Los personajes que de alguna manera
figuran en la clase social dominante o bien son aliados serviles de la
opresión, reciben su castigo, por ejemplo en el capítulo siete un personaje de
la clase social alta esta involucrado en las drogas y lo paga con su propia
muerte. En el capítulo doce, el personaje verdugo de los secuestrados es
asesinado por su propio bando, los militares. Así también, en el capítulo diez
el personaje poeta, quien vive para su arte creando poemas sensuales y burlescos,
es gratificado con la publicación de sus textos.
La lucha cobra vida con la iniciativa de los
indígenas por la toma de las fincas donde trabajan, situadas en el departamento
de Escuintla. Esta iniciativa es promovida por Pedro Pérez Salcajá y como
respuesta a este movimiento los militares recuren al enfrentamiento armado.
Irónicamente este enfrentamiento será comandado por el kaibil Pedro Perez Abaj
quien tiene la consigna de matar a su padre, aquí el discurso “...al pensar
que el pueblo donde iban era su lugar de nacimiento y que al fin su padre
podría ver los galones (galardones) que había obtenido en la carrera
militar. La áspera voz del teniente lo sacó de sus cavilaciones... y el teniente manifestó que
era necesario e imperativo actuar con mano dura porque estaban en juego los
sagrados intereses de la patria y ellos tenían que matar a quienes se les
pusieran enfrente, pues que sin duda serían desalmados guerrilleros e infames
comunistas; había que acabar con ellos sin contemplaciones, así fueran amigos,
parientes, hermanos o padres.”(202). Los indígenas son dignificados, ya que
logran su propósito de mejorar sus condiciones de salario. Pedro Pérez Abaj, el
kaibil, no llega a perpetuar el mandato
de asesinar a su padre, ya que Ricardo Pérez Cansino, el hermano, lo abate en
el momento preciso. Los puntos de inflexión en este desenlace son el conflicto
entre Caín y Abel, y la “metamorfosis” de burgués a guerrillero, en donde
Ricardo termina en una especie de condición de héroe, al salvar por una parte
el movimiento indígena y por la otra, el desarrollo de la conciencia social al
decidirse a dejar su vida de condición burguesa –Ricardo deja el amor de
sociedad y su lujoso carro, símbolos de esta vida suntuaria- y entregarse a la
lucha de clases en la montaña “El
rojo sol abrasó el caluroso abrazo de padre e hijo”(213).
La lucha por el poder, resultando en guerras
internas con un alto costo social, se han visto legitimadas a través de la
estructuración dialéctica y la polarización de discursos políticos
fundamentados en representaciones ideológicas de nación, libertad y justicia.
En cuanto a la bandera de Nación, es interesante aceptar la limitación en su
concepto, Bhabha apunta que “...la nación como una forma de
imaginario social. Una vez que uno abre este problema empieza a ver que la
nación es construida a través de muchas formas de identificación contingentes,
arbitrarias e indeterminadas”(228). La libertad y la justicia en el sistema
capitalista se encuentran cosificados, muy bien apuntado por Althusser,
consiste en que el sujeto esta sometido a una ideología, por tanto sometido a
una autoridad superior, y por ende, privado de toda libertad, salvo de la de
aceptar libremente su sumisión, y dentro de este marco de “libertad” buscar
como individuo su justicia, su propio progreso desligado a la responsabilidad
en términos sociales.
Es interesante observar en Kaibil que no
existe explícitamente una macronarrativa política, económica y de valores del
hombre nuevo, más bien presenta desde el subalterno micronarrativas hacia el
conocimiento social como poder para construir y representar formas distintas de
dominación, subordinación y rebelión de aquella época, así, hay un intento de
representación de la búsqueda genuina de la exaltación del hombre.
Los textos literarios de género
novela-testimonio de posguerras son libros serios y conscientes que contribuyen
a tejer la historia en espacio y tiempo de las sociedades, a desentrañar los
mecanismos sistemáticos de gobiernos perversos serviles a la dominación del
hombre por el hombre, a aprender de los desaciertos de los dirigentes
políticos, a guardar una memoria de experiencia y en suma a conocer la
naturaleza humana. Kaibil y otras tantas narrativas que aún están en el
proceso de ser re-consideradas, irán cobrando mayor valor histórico y
literario, paralela y proporcionalmente a la transformación de la visión actual
cosificada en visión futura humanizada.
Humberto Chacón
Noviembre 2006
Noviembre 2006
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