sábado, 18 de febrero de 2012

DE LA AUSENCIA


Regresaba con mil pensamientos estáticos en su mente, aquel día le era igual que los anteriores, pero Isabel no lo salió a saludar como él esperaba -como él hubiese deseado-, de pronto recordó que la acababa de ver, que acababa de irla a visitar a ver si la sentía, entre los árboles y la tierra, divagó por un momento al ver aquellos zapatos, la casa no estaba tan sola después de todo, recordó cómo los había disfrutado, entre charcos en el invierno pasado, entre charcos en los inviernos pasados. Qué pequeños eran aquellos zapatos, se veían tan solos, parecía que le ansiaban susurrarle al oído todas aquellas historias sin contar, todos aquellos sentimientos sin saber. Ahora cuantos recuerdos cobraban vida, el zapato se humedecía, y toda la experiencia allí revelada, como un libro viejo, acaso como aquellos que nunca se abren, los detalles de su vida y sus pensamientos contenidos en un solo zapato, mientras el otro le corregía los detalles.
El día de noviembre era soleado, ya Isabel necesitaba unos zapatos para jugar, para bailar, para estudiar, para quitárselos y ponérselos, y de vez en cuando tal vez lustrarlos, el invierno había sido muy duro, cómo le gustaban aquellos zapatos, era los únicos que tenía, pero aún así se sentía muy cómoda, para dormir también, cuando hacía mucho frío.
Recordó aquella noche cuando apareció el primer agujero, qué triste estaba Isabel, hace tanto, aún era una pequeña; ese agujero, esas suelas gastadas por un lado, esas correas deshiladas, los tomó para lustrarlos, pero ahora eso ya no importa, ya no los usará más.

14 marzo 2006
Humberto Chacón

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