jueves, 2 de marzo de 2023

Tz’utz´ Al este de la flora apacible. La historia.

    Dada la riqueza literaria, lingüística e histórica de la narración, a modo de referencia nos permitimos incluir una breve descripción de la historia y sus personajes. Cada apartado sin pretender ocupar la función de un sumario, corresponde a un capítulo en el mismo orden que aparece en la novela. Como se verá, se incluyen sólo algunos vocablos utilizados por el autor en la propia novela, vocablos de idiomas indígenas sin los cuales perdería un sentido muy valioso este apartado, claro está, originado desde la propia obra literaria.

    Inicia la novela con un suceso determinante para la comunidad Q’anjob’al, la dominación y atropello de los cham b’eyom (hombre poderoso, rico), las personas del pueblo se ven obligadas a huir de la montaña donde habitan; entre dichas personas se encuentran Sis B’ixum y Xumak Yili, junto a su pequeño hijo Xhunik, quienes huyen hacia San Mateo (San Mateo Ixtatán, municipio al norte del departamento de Huehuetenango). Sis se da a la tarea de salir y procurar lo necesario para la familia, cuando cae en un foso para coyotes y es capturado por el dominador del pueblo Pay jel nha’, Kaxhin. Luego de estar prisionero y ser obligado a trabajar indignamente para Kaxhin es obligado a permanecer junto a su familia en este pueblo. Ocurre un terremoto y en ese mismo tiempo nace Matal, hija de Sis y Xumak Yili, y hermana de Xhunik. Tiempo después todo el pueblo mateano sufre la enfermedad Kuch-sal (Tifus), y Xhunik junto a su hermana menor, Matal, son testigos de cómo esta enfermedad se lleva consigo a cientos de mateanos incluyendo a sus padres, a quienes solamente les queda brindarles digna sepultura, el resto de pobladores huyó hacia la montaña. En ese tiempo los hermanos cometen una acto de incesto, Xhunik acude a Petul Chilab’, el Señor Venado, hombre sabio y del calendario, en busca de ayuda para que lo guíe en la búsqueda de sus padres y el perdón por el acto cometido. Xhunik, de diecisiete años, se destierra a las selvas de Yich Kan, y con esto inicia el periplo de su historia como hilo conductor de la novela.
    La historia de la migración laboral del pueblo Q’anjob’al se revela en las páginas, cuando Cuchumatecos migran a Zapotitlán, en la costa sur, como alternativa laboral en la construcción de las vías del ferrocarril, y la inhumanidad de esta historia por los moso (ladino). También se cuenta de la ofensiva El Resguardo contra el pueblo Q’anjob’al y derivado de esto un año después da inicio la rebelión del pueblo encabezado por el personaje Yakin Kuxin, con cerbatanas y machetes se internan en una expedición en la montaña. Se habla aquí de la sabiduría de observación de las constelaciones y la importancia de la estrella guiadora (Aj Chicum-Ek) para la cosmovisión indígena. Se narra acerca de la fundación por una comunidad, y posterior abandono, del pueblo que llamaron Yalan Asun. La fundación de este pueblo fue dirigida por Yakin, se localiza en la montaña, rodeado de ceibas. Deja constancia de las dificultades para encontrar un lugar para establecerse, así como de la capacidad organizativa del pueblo: iniciaron primero con el levantamiento de un rancho comunal, al mismo tiempo a entregarse a las labores agrícolas para garantizar el sustento de la comunidad. Caen sobre estos pobladores problemas como el ataque de jaguares y la falta de disponibilidad de comida. Llega el momento del abandono forzado de Yalan Asun, por la tragedia provocada por un diluvio torrencial, la comunidad sepultada y la completa destrucción de la aldea, según los pobladores el castigo de la divinidad por haber degollado a los venados del sagrado bosque de Yulb´atlaq.
    En otro tiempo, diez años más tarde a la destrucción del poblado Yalan Asun, localizado en Kanal K’ax (Bosque primigenio), Xhunik visita y se establece ahí, donde permaneció por un tiempo, invocó a la divinidad y convocó a la naturaleza. Queda evidencia del nacimiento del maíz y su importancia para la vida de los pueblos y los animales. Se da aquí su primer encuentro con Tz’utz’, su animal protector y compañía. Durante esa estadía, una pequeña comunidad errante llega al lugar, encabezada por el alom konob’ (conductor del pueblo) Mekel Kuxin, hijo de Yakin Kuxin, descendientes del linaje fundadores del mismo pueblo años atrás, donde se establecen temporalmente. Xhunik, con la creencia de que son los muertos del mismo pueblo los que no han encontrado el sendero que baja a la oscuridad, avanza precavido. El linaje Kuxin abandona el poblado fugazmente; sin embargo, allí Xhunik se encuentra con su futura compañera Axhul Kuxin, de ellos nace Diego. Encontramos aquí un bello ritual del nacimiento, relacionado con los nawales de la cosmovisión maya. Se da un encuentro de Xhunik con Maltixh, el abuelito Kuxin, encontramos representada la sabiduría de estos pueblos, así como el conocimiento sobre el lenguaje de los pájaros.
    En este punto, la novela rompe con la linealidad temporal de la historia, y nos acerca a la vida del pueblo Q’anjob’al,  a través de Sis B’ixum y su ascendencia. Sis se hace pastor de un rebaño de ovejas y reflexiona sobre paxan (alma) con Kwin Santo, y cuenta sobre su abuelo y padre que acudieron a bailar a Yulb‘a y no regresaron más. El abuelo de Sis, Matín, quien se hiciera bailador jaguar al igual que su padre, huyó hacia las montañas de Cuchumatán luego de que su padre el Ajb’ixum (el bailador) Eliseo fuese muerto por su concubina y sus tierras en Aguacatán apoderadas por los Aguirres. Matín se estableció en el poblado Pay konob’, en tierra Q’anjob’al, donde tuvo un hijo a quien llamó Kuxin, cuya madre murió en el parto, y al crecer se hizo Kanal chej (bailarín venado), la más alta dignidad entre los danzantes, y juntos padre e hijo recorrían bailando los poblados. Kuxin también fue Ajnab’ (Señor de la Lluvia) y engendró mucho hijos, pero solamente uno entró a su casa, Sis B’ixum, a quién mostró las constelaciones. 
    En Pay Konob’ se dieron cruentas guerras entre los guerreros de K’ax y los chej anima (los conquistadores soldados a caballo), la gente de la selva arrasó con la iglesia y las construcciones de los conquistadores, saqueando el pueblo, en represalia los chej anima hicieron expediciones punitivas. Sis y su rebaño llegan al caserío en Yalb’a, formado por mulnajwom de la tierra (trabajadores indígenas repartidos por jueces) y contaban de las humillaciones sufridas causadas por los cham b’eyom, y bajaban con sus rebaños a Suq’uq’i te’, una finca con caseríos de viejas construcciones, allí un hambriento Sis se familiarizó con la lengua de los moso, y conoció el poder y el domino de las generaciones Malla en ese pueblo, también allí pregunto a un cautivo Oq (coyote) acerca de sus padres. Kwin Santo es acusado, maltratado y encarcelado por uno de los Malla, como escarmiento para los mulnajwom, por sospecha de que los pastores robaban animales del rebaño, y no como decían que eran muertos por koj (puma).
    Kaxhin y Diego navegan sobre el rio Pojom hacia el norte, dentro de K’ax, en busca de tortugas y sus huevos, regresando a tiempos inmemoriales. También cuenta cómo la gente Kuxin dio acogida a los kab’nal (lacandones) quienes huían de una epidemia. La concepción y sabiduría del pueblo Q’anjob’al  acerca de Puj (el planeta Venus) y las estaciones del año, en su relación con la señal de partida de los lacandones. Diego se pierde en k’ax y extenuado duerme en la playa del río bajo la lluvia, y entre la realidad y el sueño teme ante el veedor de la selva, sale huyendo, para entonces despertar y continuar avanzando, guiado por una partida de coatíes hacia su camino.
    Xhunik y su hijo Diego emprenden su viaje del norte hacia San Mateo, Xhunik va a cumplir su palabra ante sus padres, en su travesía son protegidos por su nawal Tz’utz’ (coatí, pizote, andasolo), todo ocurre bajo el cosmos magnánimo. Entre las veredas y la magnitud de la diversidad de la flora y la fauna, se topan con un cazador y sus perros, juntos comen frutos, para luego continuar su camino y llegar al poblado Yalan Asun donde pernoctan.
    Sis se encuentra con Mekel y Lukaxh Xhunik, antiguos veedores y ahora castigados, debido a la fuga de Oq, por el cham b’eyom Tadeo Malla; ayudados por Kwin Santo a escapar de Suq’uqi’te’ hacia las cuevas de Nawal olan, donde se encuentran con un mono moribundo. Mekel y Lukaxh, ahora gente de Olegario Pajarito que se ha levantado en tierras de Jolom Witz en contra de los cham b´eyom, alcanzan el lugar donde permanecía Sis junto a su rebaño, quien está fraguando la venganza por la muerte de Maltixh Yekal. En ese tiempo se levantó Petul Ordoñez, alcalde del antiguo pueblo de San Juan Ixcoy, acusado de brujería por Evaristo Malla, el yajaw txaj (alcalde rezador) huyó a la montaña Yajaw k’u a refugiarse. Los dos muchachos ayudados por Sis y Kwin provocan un incendio de grandes proporciones en la casa de Tadeo Malla, en busca de pólvora para la rebelión, Tadeo y sus huestes van en busca de Petul, quien yace en la montaña atrapado por una trampa, y antes de morir envía un mensaje a su pueblo en Jolom witz: convocó la guerra, por medio de señales de Kaq Kuxin (comadreja). Hicieron guerra el pueblo Q’anjob’al encabezados por Olax Tz’ikin (Olegario Pajarito), hicieron la degollación, exterminaron a los cham b’eyom y a los moso. La represalia de la milicia no fue menos cruenta, ejecutaron a todo el pueblo San Juan Ixcoy, murió Olegario Pajarito.

    Xhunik y Diego van de camino en la selva Yalan Asun, ocurre un episodio entre Diego y su nawal, entre el sueño y la realidad. Xhunik recuerda a su padre Sis en la costa de Zapotitlán, y la relación con la flor de San Isir, se dirigían a San Mateo y antes pasaron por el antiguo bosque Yulb´ atlaq. Se habla aquí sobre el origen del lenguaje. Aparece el ave Quetzal, cautivo y a la venta. Diego libera a Tz’utz’ de una trampa, su animal protector.

    Xhunik y Diego llegan a la casa de sus antepasados en San Mateo. Xhunik recordó a sus padres y su hermana, con tristeza lloró. Llegan a Yune’ Chonhab en Cuchumatán y el mercado, allí los cabezas de K’atepan (Cerro frente y al norte de San Mateo Ixtatán) inscribían la cosmología y los mundos. Llegaron al templo y Xhunik reconoce al Ajtxaj Pital Chilab’ y conversan, y acuerdan la cita en el presbiterio al día siguiente para cumplir la promesa de Xhunik hecha dieciséis años antes.

    Aquí aparecen dos jóvenes y expertos cazadores con cerbatana, que se encuentran tras Tz’utz’, y se narra la rutina de éste antes de ser atrapado. Repentinamente cambia la historia, como un sueño en un pajuide se habla sobre el licor, su ilegalidad y la embriaguez, y la condición actual de los mandados. En la embriaguez de Xhunik, entraron bailadores y luego irrumpieron otros animales en tono agresivo.
    Xhunik y Diego acuden a la cita con Petul Chilab’, Xhunik finalmente, no sin antes participar en una ceremonia de purificación y perdón, baja a la caverna de tiempo infinito, sin tiempo, se encuentra con su madre Xumak Yili y su padre Sis B’ixum, que han esperado este momento por diecisiete años en la caverna de la otra vida, para poder continuar su paso al otro mundo. Luego de una lluvia de doce días en Paj jel nha’ y algunos habitantes del pueblo enfurecidos por las muertes  provocadas por esas lluvias, castigaron a los alcaldes rezadores que no han podido detener el diluvio. Diego y Xhunik dejan San Mateo y son guiados por tz’utz’ por los caminos de la cueva, dirigidos hacia Yul’a, a rescatar la máscara y el cuero de venado del abuelo Kuxin B’ixum. La novela termina con la caza de un tx’ukchej (venado) por un koj (puma), y al pasar Xhunik y Diego por el lugar, explican el suceso desde la subjetividad de su cosmovisión, Payeras (2010a) lo escribe así: -Es tal vez el joven sol que ha regresado otra vez del frío a reinar sobre nosotros – explicó Xhunik. (p. 190)


Humberto Chacón F. 2015


viernes, 30 de marzo de 2018

Sus miserables paredes

!Hipocritas!

Salgan de sus miserables paredes
Basta de manipular mas su corazon
Salgan por la puerta
por la ventana
por el retrete

Ya pasaran sus miserables años
Arrepentidos de fingir su vida
Atrapados por cadenas
por migajas
por miedos

!Cobardes!






martes, 20 de marzo de 2018

Nightingale

El pueblo chino salía de su desesperanza, tantos siglos que no había mas que desconcierto y tristeza, tantos sucesos, uno tras otro, uno encima de otro, solamente quedaban las huellas, profundas, como después de catástrofes naturales, desolación.

Aquel dia empezó con un tenue resplandor, al horizonte rayos de sol se reflejaban sobre el frío océano, los arboles parecieran moverse a un compas, al unísono, provocando sonidos de orquesta, las hojas al viento simulan cuerdas de violín, de violonchelo, el trino de las aves como voces del coro melódico femenino, una ave, en particular, un ruiseñor, una flauta china entre todo el natural concierto, era el sonido de la esperanza, del deseo, del anhelo de los niños. Por las mujeres, por los hombres, por los ancianos, por la naturaleza.

Por fin, la naturaleza canta, canta libre y armoniosa, el pueblo chino y ano será el mismo, siempre que cante el ruiseñor, dentro de cada ser, dentro de cada estomago de los seres que habitan esa lejana tierra.


18 abril 2006

miércoles, 4 de octubre de 2017

Atrapados sin salida

pequeña gente
laberinto pequeño
llano, esencial
viviendo en sueño, pesadilla
muriendo lento

fisuras
desde dentro, muy dentro
profundas, ignoradas
algunas calan
hirvientes

presencia
fisica
ausencia
del alma
hartazgo, crisis
trauma
no lo saben

salida
no la ven
abofetada del sistema
la caverna queda atrás
vuela del nido
insoportable


octubre 2017

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Poder respirar

Siempre pensando en poder respirar, luego de tanto tiempo me sigo preguntando, constantemente, veo hacia el pasado y parece que no es, veo hacia el porvenir y parece que todo, acaso pueda ser igual.
Entonces me veo parado en quien sabe donde, un presente diminuto cargando un pasado demasiado largo y empujando un futuro que no es. En fin, ese largo tiempo pasado, ese que no es otra cosa que yo frente al espejo, ha sido desaparecido.
Borrar la memoria, borrar la existencia ¡que terrible!, sin memoria y sin identidad, y el futuro será de la forma que me lo implanta esta disnea, un trozo de barro convertido en una masa amorfa.
Es un animal gigante, también sin forma, mimético, perfectamente estructurado por dentro, perfectamente establecido para borrar la memoria, para engullir todo lo que no este dentro de su forma, un estrujado abrazo de la lenta muerte, o acaso, ¿una permanencia voluntaria al suicidio?.

Es que tiene su forma de engañar, la cálida rutina limitante, complaciente, que enajena.
Pero eso no importa, lo importante esta en la idea de sobrevivir en ese sistema, que también mata el amor.
 
 Junio 2017

sábado, 9 de agosto de 2014

Abriles

Te veo detrás del sol
Creando con tus manos el silencio en fulgor
Te veo bebiendo el mar
Cantando distraída misterios al azar

Junto aquella pequeña flor
Riendo al susurrarle su divino color
Con tu pupila fija y con ternura en la tierra mojada
Hasta su cuna por la noche posarla

Abriles treinta y uno vieron tu rostro
Con resplandor de poesía y amor
Grabado en la olvidada memoria
De aquel día que es todavía

Alba senda ya recorrida
Todo como la primigenia vida
Tu sonrisa traspasando el mundo
Al cierre de tus ojos todo vuelve estrellado




Entre marzo y abril 2012, Huehuetenango y Guatemala

viernes, 4 de mayo de 2012


LA VIOLENCIA COMO FUNDAMENTO DE LA HISTORIA GUATEMALTECA EN EL TRUENO EN LA CIUDAD  DE MARIO PAYERAS[1].


La violencia, los hilos del titiritero.

La violencia ha sido un arma decisiva como recurso para la dominación, ha sido establecida como medio de represión ya que inhibe y coarta cualquier acción que se pueda producir fuera del marco ideológico, político y/o económico de los núcleos que ostentan el poder. La respuesta ante esta opresión ha dado paso a formas de resistencia, y una de estas resistencias también se fundamentan en la violencia. La guerra interna en Guatemala acontecida en las últimas décadas del siglo XX se caracteriza principalmente por la adopción de la violencia en inimaginables dimensiones, su categorización es tal que sin ella no podría concebirse la historia de Guatemala. Las manifestaciones y herencias violentas existen como una realidad histórico-social, una relación tan enraizada que participa de la construcción actual de la sociedad e identidad de nuestros pueblos.
El imaginario colectivo social sentencia y rechaza categóricamente la violencia, se vale de diversas expresiones de oposición fundamentadas en percepciones individuales y en principios humanitarios, pero ¿por qué después de la experiencia violenta la voz pacífica no ha encontrado eco?, ¿por qué la exégesis de los estudios de la violencia no converge en la praxis con el ideal social?, para responder a estas preguntas es necesario comprender el principio que la violencia no es ajena a ese colectivo, es parte intrínseca de su propia estructura y mecanismo, y aunque es impuesta deliberadamente desde el poder se nutre desde adentro, de alguna manera pasa a ser parte integral de la sociedad y la fragmenta a la vez en tiempo y en espacio, así que considerando a la violencia desde dentro de la sociedad pasa a ser parte también “natural” e incluso necesaria de los capítulos de la historia. La violenta historia reciente en Guatemala ha sido abordada y representada desde amplias perspectivas, una de ellas es a través de la literatura, en donde una de las funciones valiosas corresponde a la comprensión de nuestra historia a través de sus fragmentos. El libro El trueno en la ciudad de Mario Payeras es un ejemplo de la producción literaria en el contexto de la guerra, una producción que enriquece y guarda una memoria colectiva, invaluable para responder desde el presente a cuestionamientos históricos y sociales, y aunque este breve análisis pretende tan solo aclarar ideas y ser una aproximación y una plataforma para un desarrollo posterior documentado con el objetivo de descubrir el atavismo y la relación entre la violencia de guerra y la violencia actual. Este libro aborda algunos episodios de la desarticulación del movimiento guerrillero urbano a principios de los años ochenta, se destacan análisis autocríticos, desde la experiencia de un militante, de las acciones tomadas y obviadas que promovieron la caída del movimiento revolucionario. A medida que se avanza en las líneas de este libro, todos los sucesos convergen en el aspecto bélico, tanto la violencia sistemática del poder militar como la violencia como respuesta de la guerrilla están presentes en cada página, y aunque el interés según el propio autor es el de querer “ser un sencillo homenaje a los compañeros caídos”, se encuentra contenido un material de alto valor para la comprensión y concepción de las aristas de esta cruenta guerra. A través de la comprensión de la forma como se articuló la violencia dentro de la sociedad en ese contexto de lucha armada, se comprenderá la herencia determinante e inherente de ésta y sus relaciones directas con nuestra condición actual de posguerra, una sociedad fragmentada donde la pobreza, la violencia y por fin el escaso desarrollo humano son una constante que esta lejos de cambiar. Entonces El trueno en la ciudad es una muestra de la participación de la literatura como actor clave para la recopilación y estudio de los acontecimientos que forman nuestra historia, a través de sus capítulos se pretenderá dar forma, y se limitará, a determinar el papel que ha jugado la violencia en la construcción de nuestra sociedad, y sin perder de vista el contexto en el que se desenvuelve, descubrir el escenario que propicia un estado de violencia a favor de la dominación y el establecimiento del terror. La concepción de la realidad aún esta por comprenderse bajo estos términos, la condición social establecida sobre bases violentas, girando en el sentido indicado por una constante fuerza centrífuga, en dinámica perversa y formulada desde poderes instrumentalizados.
Todos los sucesos contenidos en El trueno en la ciudad corresponden a hechos de guerra, acciones insurgentes y militares, tácticas de guerra sucia, secuestros, torturas y asesinatos, por lo tanto es indispensable reconocer en sus letras la dimensión y forma de la violencia como una realidad social en su contexto histórico, comprender el papel que ha jugado la violencia sistemática como uno de los mecanismos en la construcción y continuidad de la historia social actual, que de alguna manera va más allá de una situación social desafortunada, temporal y fortuita. Se distingue como uno de los hilos con que se teje la historia, un hilo fabricado de la necesidad de la imposición de un orden, que va cambiando a través del tiempo, por los aparatos sin rostro de dominación política, económica e ideológica.
La narrativa en El trueno en la ciudad adquiere un tono sobrio y objetivo cuando aborda los sucesos, la descripción documental de éstos cuentan las acciones violentas en un contexto de guerra desde la perspectiva crítica guerrillera, en donde la violencia se percibe como la necesidad natural como respuesta al entorno, y es importante destacar que en esa maraña el cuestionamiento a la violencia no adquiere ningún matiz relevante. En la actualidad la violencia no es del todo diferente, los factores que la promueven siguen siendo los mismos, sin embargo el contexto sí lo es, esfuerzos por establecer procesos democráticos han dado paso a medios de expresión abiertos, a demandas civiles, a análisis críticos sociales y, a propuestas y oposiciones pacíficas, sin embargo la violencia persiste en su forma más cruda, pero ahora sin ninguna justificación ideológica definida, y se problematiza severamente cuando ahora parece ser parte de la “cultura” de nuestra sociedad, por esta razón la violencia debe seguirse examinando como un mecanismo de dominación tal y como sucedió en la pasada guerra.
Será de utilidad revisar algunos pasajes narrados en este libro donde se ve plasmada la violencia que inunda su historia, desde el primer capítulo se evidencia la forma contenida en la sociedad de aquella época “La ciudad se transformó en un complejo mosaico de ámbitos urbanos mucho más favorables para la actividad clandestina y para el despliegue de tácticas irregulares de lucha. Las zonas populosas fueron escenarios frecuentes de la guerra de guerrillas urbana de los años 60” (p.3), con esto se abre paso a un punto crucial de la historia en nuestro presente, la forma de ejercer violencia se hizo ciencia y se tecnificó, el abuso dominante y opresivo de poder de aquellos quienes deseaban preservar su hegemonía dejaron una escuela de violencia, las estelas dejadas por esta guerra se fecundan en todo el país en estos días, y ahora en la distancia los mecanismo parecen ser del mismo tipo, aunque con diferentes intereses, antes una preservación del poder político y oligárquico, ahora una voracidad por el poder económico.
Además de representar el contexto violento El trueno en la ciudad aborda los diferentes matices de esa estructura violenta, aún hoy muy similar el modo de operarla “Desde vehículos en marcha, la guerrilla ametralló la instalación y arrojó al interior dos granadas de mano. La guerra de guerrillas se había instalado en la tensa ciudad de aquellos días. Parejas de gendarmes, en sus recorridos habituales, recibían de pronto disparos de escopeta que los fulminan en el acto, luego de lo cual sus atacantes les arrancaban el arma de las manos.” (p.12), el interés aquí es que este tipo de acciones producidas durante un período de guerra es el reflejo hoy de la maduración de una sociedad violenta, que continúa en el centro de la esfera social, y aunque ya no es una justificación natural dentro de su contexto, lamentablemente estas noticias no causan ningún efecto retractante, a pesar que grupos y movimientos continúan buscando los medios para reducirla, inevitablemente se ha vuelto parte de la cotidianidad y la insensibilidad del interés individual, parece estar tan cerca de los cimientos de la sociedad que ya es una característica de nuestros pueblos.
Las cenizas que dejó esta historia aún laten en la sociedad, las heridas permanecen con el afán de cicatrizar, y todo continúa girando en torno a la violencia ejercida y permitida por los poderes con el fin de preservar el status quo. La violencia es una mala semilla que crece y produce sus frutos, así como sucedió en esta guerra continúa ocurriendo con diferentes tonos “La guerra de guerrillas ardió a partir de entonces en Chimaltenango. El ejército enemigo ocupó la región, iniciando las masacres” (p17) y realmente ¿qué diferencia estas acciones a las que actualmente se viven en nuestras sociedades Latinoamericanas? ¿Qué coyuntura hay en esa percepción de la violencia como un medio de grupos poderosos para alcanzar sus fines particulares?, la violencia se concibe diferente según el contexto al cual se encuentra sujeta, es evidente que durante la guerra la violencia es casi imprescindible como un medio de control y defensa, pero después de la guerra la violencia sigue vigente, y cobra nuevas formas que salen de control de los mismos grupos de poder que la incentivaron, la negligencia, la incapacidad y la falta de voluntad de estos grupos para controlarla permiten un estallido social sin precedentes, la respuesta a esta ineptitud esta lejos de sobrepasar la capacidad de quienes tienen en sus manos los recursos, todo apunta a ser un factor coadyuvante para mantener el control de la sociedad desde una posición pasiva e imperceptible.
En ocasiones se percibe a la violencia como un fin, sin embargo las consecuencias de la violencia no cambian según su contexto, continuará siendo el medio por excelencia para someter la voluntad y coaccionar cualquier acción en contra del régimen, ya sea por iniciativa planificada o por omisión, es de principal interés mantener a la población doblegada, preocupada y distraída en su seguridad. Cualquier forma que amenace contra las necesidades primarias de una sociedad, limitarán a ésta a interesarse por un genuino desarrollo común.
La violencia tarde o temprano causará siempre una reacción opuesta, la dominación violenta crea un círculo vicioso, y sus tentáculos cubren en tiempo y espacio a la sociedad, y desde cualquier perspectiva adopta las mismas dimensiones, así comprendemos la dinámica de la violencia que siempre encontrará su justificación, algunas veces una contra-reacción natural como sucede del mismo modo en período de guerra “Como respuesta a una masacre del ejército en Chimaltenango, decidimos atacar con lanzacohetes los autobuses en que se transportaban los cadetes de la Escuela Politécnica” (p17).
Como reacción ante la violencia, también deberá comprenderse la función del libro y otros documentos y expresiones artísticas, como denuncia, y esto es común tanto en el período de guerra como en período de paz[2], ha sido y será esta manifestación una de las formas de resistencia y reinvidicación “El gobierno de Laugerud se cerró con la matanza de ciento treinta campesinos kekchíes, un pequeño pueblo a la orillas del río Polochic, en Alta Verapaz” (p38). La muerte es la culminación de la violencia, denunciarla será una de las válvulas catárticas y de mayor orden en la comprensión de la resistencia y secuelas de la violencia, como se mencionó anteriormente El trueno en la ciudad pretende por su autor ser un homenaje a esas muertes, creando de esa manera continuidad de la memoria, mantener conciencia de la realidad a través de la denuncia “Los asesinatos políticos llegaron a hacerse cotidianos. Dirigentes sindicales, lideres estudiantiles, políticos de la oposición democrática, catedráticos universitarios y simples ciudadanos caían día a día en atentados brutales e inconcebibles” (p39).
La violencia adopta entonces una forma compleja y particular, es gaseosa, penetra en los poros y adquiere la forma del ser, anidará en él, que, consciente e inconscientemente la manifestará en toda dimensión posible, como medio de defensa ante la presión acumulanda.
Por otro lado y contradictoriamente la violencia, como medio de dominación, se legitima desde la misma resistencia, ya que inmediatamente define en la oposición la posibilidad de liberación, se acentúan posturas y discursos en contra de ella, lo que provoca su necesidad como argumento para recurrir a ella misma, en el período de guerra es común esta posición “... que estaban dispuestos a luchar todos los días de la vida y hasta la última gota de su sangre, para tomar el poder y construir en Guatemala una sociedad nueva, una sociedad donde los indios, los ladinos y todos los trabajadores tengan el mismo derecho a participar en la producción y en los beneficios de la riqueza social y de la cultura espiritual” (p.55), entonces el individuo que percibe su condición marginada se manifiesta en contra y es orillado al mismo mecanismo de defensa, la violencia, no encuentra otra salida más que jugar el juego, e incluso llevarlo hasta la máxima convicción “Si persiste en su negativa, la alternativa es la asfixia en la capucha, el tormento, la muerte, manteniendo íntegra, allá en el fondo, la convicción que lo llevó a entregar la vida a la más grande de las causas” (p.81), final y paradójicamente en un contexto de guerra revolucionaria afrontar a la violencia produce una recompensa para el idealista, produce héroes, por esto la violencia enraizada permite incluso encontrar un sentido a la vida “Era la decisión, meditada y profunda, de quitarnos la vida antes que caer en manos del enemigo... La transformación revolucionaria del mundo es un hecho colectivo y no ha de detenerse por la caída de cualquiera de nosotros... Era una forma de lograr que la vida irrumpiera en la muerte, porque la lucha de clases en el fondo, está llena de amor, por parte de quienes combatimos en le bando de los explotados” (p110).
De este modo, al señalar algunas citas de El trueno en la ciudad se pretende hacer una relación entre las características productivas de la violencia, una correspondencia por demás compleja y determinante de causa y efecto en la construcción social, conceptualizar su perspectiva desde un escenario de guerra y extrapolarlo a la sociedad actual será la parte medular, ya que si se limita a recrear el entorno descrito en estos pasajes, en donde (en este sentido) solamente se encuentra violencia, habrá de contar con un método de estudio analítico para determinar esa vinculación. Actualmente para “dimensionarla” y comprenderla se ha propuesto su economía, se traduce a números económicos y saldos, con el riesgo de modificar la subjetividad de la violencia al positivilizarla y por lo tanto excluyéndola de la propia formación de nuestra realidad, se le accede desde afuera de la concepción social trazándola inalcanzable y por último inexplicable.
La literatura de la violencia pretende por un lado dejar evidencia de los hechos y por otro la necesidad de sus autores en su trascendencia en la conciencia y memoria social, por esta razón el valor que se puede extraer de sus libros es ilimitado, sin embargo en el presente interés se ha delimitado y concluido que la consecuencia de la violencia es la continuidad de una misma realidad de guerra, un absurdo necesario para comprender el constructo social, un anhelo de la violencia como un eslabón prolongado de la historia que pierde su valor diseminado en la cotidianidad.
Por último, con todo esto no se pretende obviar las transformaciones históricas y avances en el plano democrático y participativo de los pueblos, tampoco reducir todas sus aristas a una simple generalidad, es más bien el reconocimiento de una plataforma común donde la violencia es parte de ella, que ha perdurado y definido el rumbo de nuestra historia.

Humberto ChacónNoviewmbre 2008


[1] Payeras, Mario. El trueno en la ciudad. Ed. Del Pensativo. Guatemala, tercera edición, 2006.
[2] El período de paz inició en Guatemala en 1996 con la firma de la paz, un acuerdo entre el gobierno y los representantes de la guerrilla, sin embargo y a pesar que no existe conflicto armado otra variante de guerra social  ha surgido desde entonces, una guerra del caos y el terror, donde no hay grupos declarados.