El pueblo chino salía de su desesperanza, tantos siglos que no había mas que desconcierto y tristeza, tantos sucesos, uno tras otro, uno encima de otro, solamente quedaban las huellas, profundas, como después de catástrofes naturales, desolación.
Aquel dia empezó con un tenue resplandor, al horizonte rayos de sol se reflejaban sobre el frío océano, los arboles parecieran moverse a un compas, al unísono, provocando sonidos de orquesta, las hojas al viento simulan cuerdas de violín, de violonchelo, el trino de las aves como voces del coro melódico femenino, una ave, en particular, un ruiseñor, una flauta china entre todo el natural concierto, era el sonido de la esperanza, del deseo, del anhelo de los niños. Por las mujeres, por los hombres, por los ancianos, por la naturaleza.
Por fin, la naturaleza canta, canta libre y armoniosa, el pueblo chino y ano será el mismo, siempre que cante el ruiseñor, dentro de cada ser, dentro de cada estomago de los seres que habitan esa lejana tierra.
18 abril 2006
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