LA VIOLENCIA COMO FUNDAMENTO DE LA HISTORIA GUATEMALTECA EN EL TRUENO EN LA CIUDAD DE MARIO PAYERAS[1].
La violencia, los hilos del titiritero.
La violencia ha sido un arma decisiva como recurso para la dominación, ha sido establecida como medio de represión ya que inhibe y coarta cualquier acción que se pueda producir fuera del marco ideológico, político y/o económico de los núcleos que ostentan el poder. La respuesta ante esta opresión ha dado paso a formas de resistencia, y una de estas resistencias también se fundamentan en la violencia. La guerra interna en Guatemala acontecida en las últimas décadas del siglo XX se caracteriza principalmente por la adopción de la violencia en inimaginables dimensiones, su categorización es tal que sin ella no podría concebirse la historia de Guatemala. Las manifestaciones y herencias violentas existen como una realidad histórico-social, una relación tan enraizada que participa de la construcción actual de la sociedad e identidad de nuestros pueblos.
El imaginario colectivo social sentencia y rechaza categóricamente la violencia, se vale de diversas expresiones de oposición fundamentadas en percepciones individuales y en principios humanitarios, pero ¿por qué después de la experiencia violenta la voz pacífica no ha encontrado eco?, ¿por qué la exégesis de los estudios de la violencia no converge en la praxis con el ideal social?, para responder a estas preguntas es necesario comprender el principio que la violencia no es ajena a ese colectivo, es parte intrínseca de su propia estructura y mecanismo, y aunque es impuesta deliberadamente desde el poder se nutre desde adentro, de alguna manera pasa a ser parte integral de la sociedad y la fragmenta a la vez en tiempo y en espacio, así que considerando a la violencia desde dentro de la sociedad pasa a ser parte también “natural” e incluso necesaria de los capítulos de la historia. La violenta historia reciente en Guatemala ha sido abordada y representada desde amplias perspectivas, una de ellas es a través de la literatura, en donde una de las funciones valiosas corresponde a la comprensión de nuestra historia a través de sus fragmentos. El libro El trueno en la ciudad de Mario Payeras es un ejemplo de la producción literaria en el contexto de la guerra, una producción que enriquece y guarda una memoria colectiva, invaluable para responder desde el presente a cuestionamientos históricos y sociales, y aunque este breve análisis pretende tan solo aclarar ideas y ser una aproximación y una plataforma para un desarrollo posterior documentado con el objetivo de descubrir el atavismo y la relación entre la violencia de guerra y la violencia actual. Este libro aborda algunos episodios de la desarticulación del movimiento guerrillero urbano a principios de los años ochenta, se destacan análisis autocríticos, desde la experiencia de un militante, de las acciones tomadas y obviadas que promovieron la caída del movimiento revolucionario. A medida que se avanza en las líneas de este libro, todos los sucesos convergen en el aspecto bélico, tanto la violencia sistemática del poder militar como la violencia como respuesta de la guerrilla están presentes en cada página, y aunque el interés según el propio autor es el de querer “ser un sencillo homenaje a los compañeros caídos”, se encuentra contenido un material de alto valor para la comprensión y concepción de las aristas de esta cruenta guerra. A través de la comprensión de la forma como se articuló la violencia dentro de la sociedad en ese contexto de lucha armada, se comprenderá la herencia determinante e inherente de ésta y sus relaciones directas con nuestra condición actual de posguerra, una sociedad fragmentada donde la pobreza, la violencia y por fin el escaso desarrollo humano son una constante que esta lejos de cambiar. Entonces El trueno en la ciudad es una muestra de la participación de la literatura como actor clave para la recopilación y estudio de los acontecimientos que forman nuestra historia, a través de sus capítulos se pretenderá dar forma, y se limitará, a determinar el papel que ha jugado la violencia en la construcción de nuestra sociedad, y sin perder de vista el contexto en el que se desenvuelve, descubrir el escenario que propicia un estado de violencia a favor de la dominación y el establecimiento del terror. La concepción de la realidad aún esta por comprenderse bajo estos términos, la condición social establecida sobre bases violentas, girando en el sentido indicado por una constante fuerza centrífuga, en dinámica perversa y formulada desde poderes instrumentalizados.
Todos los sucesos contenidos en El trueno en la ciudad corresponden a hechos de guerra, acciones insurgentes y militares, tácticas de guerra sucia, secuestros, torturas y asesinatos, por lo tanto es indispensable reconocer en sus letras la dimensión y forma de la violencia como una realidad social en su contexto histórico, comprender el papel que ha jugado la violencia sistemática como uno de los mecanismos en la construcción y continuidad de la historia social actual, que de alguna manera va más allá de una situación social desafortunada, temporal y fortuita. Se distingue como uno de los hilos con que se teje la historia, un hilo fabricado de la necesidad de la imposición de un orden, que va cambiando a través del tiempo, por los aparatos sin rostro de dominación política, económica e ideológica.
La narrativa en El trueno en la ciudad adquiere un tono sobrio y objetivo cuando aborda los sucesos, la descripción documental de éstos cuentan las acciones violentas en un contexto de guerra desde la perspectiva crítica guerrillera, en donde la violencia se percibe como la necesidad natural como respuesta al entorno, y es importante destacar que en esa maraña el cuestionamiento a la violencia no adquiere ningún matiz relevante. En la actualidad la violencia no es del todo diferente, los factores que la promueven siguen siendo los mismos, sin embargo el contexto sí lo es, esfuerzos por establecer procesos democráticos han dado paso a medios de expresión abiertos, a demandas civiles, a análisis críticos sociales y, a propuestas y oposiciones pacíficas, sin embargo la violencia persiste en su forma más cruda, pero ahora sin ninguna justificación ideológica definida, y se problematiza severamente cuando ahora parece ser parte de la “cultura” de nuestra sociedad, por esta razón la violencia debe seguirse examinando como un mecanismo de dominación tal y como sucedió en la pasada guerra.
Será de utilidad revisar algunos pasajes narrados en este libro donde se ve plasmada la violencia que inunda su historia, desde el primer capítulo se evidencia la forma contenida en la sociedad de aquella época “La ciudad se transformó en un complejo mosaico de ámbitos urbanos mucho más favorables para la actividad clandestina y para el despliegue de tácticas irregulares de lucha. Las zonas populosas fueron escenarios frecuentes de la guerra de guerrillas urbana de los años 60” (p.3), con esto se abre paso a un punto crucial de la historia en nuestro presente, la forma de ejercer violencia se hizo ciencia y se tecnificó, el abuso dominante y opresivo de poder de aquellos quienes deseaban preservar su hegemonía dejaron una escuela de violencia, las estelas dejadas por esta guerra se fecundan en todo el país en estos días, y ahora en la distancia los mecanismo parecen ser del mismo tipo, aunque con diferentes intereses, antes una preservación del poder político y oligárquico, ahora una voracidad por el poder económico.
Además de representar el contexto violento El trueno en la ciudad aborda los diferentes matices de esa estructura violenta, aún hoy muy similar el modo de operarla “Desde vehículos en marcha, la guerrilla ametralló la instalación y arrojó al interior dos granadas de mano. La guerra de guerrillas se había instalado en la tensa ciudad de aquellos días. Parejas de gendarmes, en sus recorridos habituales, recibían de pronto disparos de escopeta que los fulminan en el acto, luego de lo cual sus atacantes les arrancaban el arma de las manos.” (p.12), el interés aquí es que este tipo de acciones producidas durante un período de guerra es el reflejo hoy de la maduración de una sociedad violenta, que continúa en el centro de la esfera social, y aunque ya no es una justificación natural dentro de su contexto, lamentablemente estas noticias no causan ningún efecto retractante, a pesar que grupos y movimientos continúan buscando los medios para reducirla, inevitablemente se ha vuelto parte de la cotidianidad y la insensibilidad del interés individual, parece estar tan cerca de los cimientos de la sociedad que ya es una característica de nuestros pueblos.
Las cenizas que dejó esta historia aún laten en la sociedad, las heridas permanecen con el afán de cicatrizar, y todo continúa girando en torno a la violencia ejercida y permitida por los poderes con el fin de preservar el status quo. La violencia es una mala semilla que crece y produce sus frutos, así como sucedió en esta guerra continúa ocurriendo con diferentes tonos “La guerra de guerrillas ardió a partir de entonces en Chimaltenango. El ejército enemigo ocupó la región, iniciando las masacres” (p17) y realmente ¿qué diferencia estas acciones a las que actualmente se viven en nuestras sociedades Latinoamericanas? ¿Qué coyuntura hay en esa percepción de la violencia como un medio de grupos poderosos para alcanzar sus fines particulares?, la violencia se concibe diferente según el contexto al cual se encuentra sujeta, es evidente que durante la guerra la violencia es casi imprescindible como un medio de control y defensa, pero después de la guerra la violencia sigue vigente, y cobra nuevas formas que salen de control de los mismos grupos de poder que la incentivaron, la negligencia, la incapacidad y la falta de voluntad de estos grupos para controlarla permiten un estallido social sin precedentes, la respuesta a esta ineptitud esta lejos de sobrepasar la capacidad de quienes tienen en sus manos los recursos, todo apunta a ser un factor coadyuvante para mantener el control de la sociedad desde una posición pasiva e imperceptible.
En ocasiones se percibe a la violencia como un fin, sin embargo las consecuencias de la violencia no cambian según su contexto, continuará siendo el medio por excelencia para someter la voluntad y coaccionar cualquier acción en contra del régimen, ya sea por iniciativa planificada o por omisión, es de principal interés mantener a la población doblegada, preocupada y distraída en su seguridad. Cualquier forma que amenace contra las necesidades primarias de una sociedad, limitarán a ésta a interesarse por un genuino desarrollo común.
La violencia tarde o temprano causará siempre una reacción opuesta, la dominación violenta crea un círculo vicioso, y sus tentáculos cubren en tiempo y espacio a la sociedad, y desde cualquier perspectiva adopta las mismas dimensiones, así comprendemos la dinámica de la violencia que siempre encontrará su justificación, algunas veces una contra-reacción natural como sucede del mismo modo en período de guerra “Como respuesta a una masacre del ejército en Chimaltenango, decidimos atacar con lanzacohetes los autobuses en que se transportaban los cadetes de la Escuela Politécnica” (p17).
Como reacción ante la violencia, también deberá comprenderse la función del libro y otros documentos y expresiones artísticas, como denuncia, y esto es común tanto en el período de guerra como en período de paz[2], ha sido y será esta manifestación una de las formas de resistencia y reinvidicación “El gobierno de Laugerud se cerró con la matanza de ciento treinta campesinos kekchíes, un pequeño pueblo a la orillas del río Polochic, en Alta Verapaz” (p38). La muerte es la culminación de la violencia, denunciarla será una de las válvulas catárticas y de mayor orden en la comprensión de la resistencia y secuelas de la violencia, como se mencionó anteriormente El trueno en la ciudad pretende por su autor ser un homenaje a esas muertes, creando de esa manera continuidad de la memoria, mantener conciencia de la realidad a través de la denuncia “Los asesinatos políticos llegaron a hacerse cotidianos. Dirigentes sindicales, lideres estudiantiles, políticos de la oposición democrática, catedráticos universitarios y simples ciudadanos caían día a día en atentados brutales e inconcebibles” (p39).
La violencia adopta entonces una forma compleja y particular, es gaseosa, penetra en los poros y adquiere la forma del ser, anidará en él, que, consciente e inconscientemente la manifestará en toda dimensión posible, como medio de defensa ante la presión acumulanda.
Por otro lado y contradictoriamente la violencia, como medio de dominación, se legitima desde la misma resistencia, ya que inmediatamente define en la oposición la posibilidad de liberación, se acentúan posturas y discursos en contra de ella, lo que provoca su necesidad como argumento para recurrir a ella misma, en el período de guerra es común esta posición “... que estaban dispuestos a luchar todos los días de la vida y hasta la última gota de su sangre, para tomar el poder y construir en Guatemala una sociedad nueva, una sociedad donde los indios, los ladinos y todos los trabajadores tengan el mismo derecho a participar en la producción y en los beneficios de la riqueza social y de la cultura espiritual” (p.55), entonces el individuo que percibe su condición marginada se manifiesta en contra y es orillado al mismo mecanismo de defensa, la violencia, no encuentra otra salida más que jugar el juego, e incluso llevarlo hasta la máxima convicción “Si persiste en su negativa, la alternativa es la asfixia en la capucha, el tormento, la muerte, manteniendo íntegra, allá en el fondo, la convicción que lo llevó a entregar la vida a la más grande de las causas” (p.81), final y paradójicamente en un contexto de guerra revolucionaria afrontar a la violencia produce una recompensa para el idealista, produce héroes, por esto la violencia enraizada permite incluso encontrar un sentido a la vida “Era la decisión, meditada y profunda, de quitarnos la vida antes que caer en manos del enemigo... La transformación revolucionaria del mundo es un hecho colectivo y no ha de detenerse por la caída de cualquiera de nosotros... Era una forma de lograr que la vida irrumpiera en la muerte, porque la lucha de clases en el fondo, está llena de amor, por parte de quienes combatimos en le bando de los explotados” (p110).
De este modo, al señalar algunas citas de El trueno en la ciudad se pretende hacer una relación entre las características productivas de la violencia, una correspondencia por demás compleja y determinante de causa y efecto en la construcción social, conceptualizar su perspectiva desde un escenario de guerra y extrapolarlo a la sociedad actual será la parte medular, ya que si se limita a recrear el entorno descrito en estos pasajes, en donde (en este sentido) solamente se encuentra violencia, habrá de contar con un método de estudio analítico para determinar esa vinculación. Actualmente para “dimensionarla” y comprenderla se ha propuesto su economía, se traduce a números económicos y saldos, con el riesgo de modificar la subjetividad de la violencia al positivilizarla y por lo tanto excluyéndola de la propia formación de nuestra realidad, se le accede desde afuera de la concepción social trazándola inalcanzable y por último inexplicable.
La literatura de la violencia pretende por un lado dejar evidencia de los hechos y por otro la necesidad de sus autores en su trascendencia en la conciencia y memoria social, por esta razón el valor que se puede extraer de sus libros es ilimitado, sin embargo en el presente interés se ha delimitado y concluido que la consecuencia de la violencia es la continuidad de una misma realidad de guerra, un absurdo necesario para comprender el constructo social, un anhelo de la violencia como un eslabón prolongado de la historia que pierde su valor diseminado en la cotidianidad.
Por último, con todo esto no se pretende obviar las transformaciones históricas y avances en el plano democrático y participativo de los pueblos, tampoco reducir todas sus aristas a una simple generalidad, es más bien el reconocimiento de una plataforma común donde la violencia es parte de ella, que ha perdurado y definido el rumbo de nuestra historia.
Humberto ChacónNoviewmbre 2008
[1] Payeras, Mario. El trueno en la ciudad. Ed. Del Pensativo. Guatemala, tercera edición, 2006.
[2] El período de paz inició en Guatemala en 1996 con la firma de la paz, un acuerdo entre el gobierno y los representantes de la guerrilla, sin embargo y a pesar que no existe conflicto armado otra variante de guerra social ha surgido desde entonces, una guerra del caos y el terror, donde no hay grupos declarados.


